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Los peores sinsabores

Apoyando a Mariló en las puertas del juzgado (18/2/16)

Apoyando a Mariló en las puertas del juzgado (18/2/16)

Nos gustaría dar siempre buenas noticias. Nos gustaría contar siempre historias de logros y de vidas rehechas. Pero la labor solidaria de nuestra Casa de Acogida no siempre es grata. Muchas de las personas a las que acogemos vienen de etapas de violencia familiar, de fuertes adicciones, e incluso de intentos de suicidio. Encauzar vidas rotas es siempre duro y no exento de confrontación, de «tiras y aflojas», de discusiones, de peleas y de choques de trenes. Sin embargo, eso forma parte del sentido de este centro. Y cuando muchas de esas personas rehacen sus vidas y sus familias, y nos dan un abrazo de agradecimiento, damos por bien empleados tantos momentos duros, porque son intrínsecos a una casa como ésta.
Sin embargo los sinsabores de éstos últimos meses son algo distinto. Curiosamente provienen no de las personas a las que tratamos de ayudar, sino precisamente de personas que habían venido a ayudarnos en esa labor solidaria. Bien es cierto que quizás parcialmente sea responsabilidad nuestra, porque hemos dejado nuestras puertas abiertas «de par en par» pensando que todos vivimos la solidaridad de la misma forma. Pero se ve que no.
La aplastante mayoría de los voluntarios que han colaborado con nuestra Casa de Acogida son gente maravillosa, que se han volcado con nosotros y con las historias de solidaridad que aquí vivimos. Pero en los últimos meses hemos tenido algunas desgraciadas excepciones. Y os reconocemos que nos duelen mucho. Porque nos descentran de nuestra labor solidaria. Porque priorizan su visión y su ego por encima del proyecto solidario que nos une a tantos centenares de personas. Porque actúan en plena estrategia de «acoso y derribo» para imponer su visión de lo que deberíamos ser. Porque generan desconfianza y siembran insidias en la esperanza de que ello destruya lo que hemos construido durante tantos años, con tanto esfuerzo. Porque piensan que para mejorar las cosas, es mejor destruir que «arrimar el hombro» y aportar constructivamente.
Estamos seguros que gente muy grande, como Ghandi, Luther King o Mandela tuvieron que sufrir muchos sinsabores, a pesar de su actitud altruista. Sin duda alguna, Pepe Bravo también los sufrió. Ahora nos toca a nosotros vivirlos. Y esperamos contar con vuestra complicidad y apoyo, para desactivar intenciones de sembrar la duda y la desconfianza, que priorizan al ego sobre la solidaridad, la mente sobre el corazón, el «yo» sobre el «nosotros. Por muy bien intencionadas que fueran esas actitudes, el fin no justifica los medios. Y no podemos permitir que la falsedad, el engaño, la calumnia y los infundios cercenen nuestra convivencia para crear otro modelo de Casa de Acogida. Puede ser una batalla larga. Hoy ha tocado acudir al juzgado y ni se han presentado a defender sus falsas acusaciones. Pero puede que vengan más situaciones similares. Y nos tocará afrontarlas con firmeza y convicción. Por el bien de las decenas de personas que encuentran una segunda oportunidad en su vida gracias a la Casa. Por el bien de las decenas de voluntarios que colaboran con nosotros. Y por el bien de la verdad.