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mano en el fuego

Pongo la mano en el fuego, con todo mi amor

Nacha y Mariló, muy cansadas, pero muy felices

Nacha y Mariló, muy cansadas, pero muy felices

Hola a todos mis queridísimos amigos. Soy Nacha, voluntaria de la Casa de Acogida Pepe Bravo. Mariló me presenta a todos como su compañera en el proyecto. A mí esto me parece un poco excesivo, pues ella lleva mucho tiempo en la casa trabajando sin descanso y yo llegué hace sólo un año y medio. Es verdad que llegué con mucha ilusión, y con una gran energía maternal hacia todos los chicos que aquí vivían. Y la casa me acogió como si me estuviese esperando.
Quiero explicar que vengo de Valencia, que tengo dos hijos a los que adoro, que ellos están felizmente casados, que soy abuela de tres preciosos seres, y de otro maravilloso ser que viene de camino…… ¡¡¡¡ Os cuento!!!!:
Soy viuda hace tiempo. Quizás por eso sigo creyendo en el amor. Yo en mi vida me sentí muy muy querida. Jamás dudé de lo grande que es el corazón y lo maravillosa que es la vida. Para mí la magia y el amor lo mueven todo.
Al poco de morir mi marido sentí mis dones y talentos (como diría nuestro queridísimo amigo Emilio Carrillo), y guiándome por una preciosa intuición y, con el respeto y el apoyo de mis amados hijos y de sus maravillosas mujeres, emprendí el camino majestuoso de la felicidad, con un alma blanca y preciosa a la que considero desde lo más profundo, mi hermana del alma; y a sus dos hijas, mis hijas. Recorrimos diez preciosos años en una creación bendecida por el universo, que nos preparó a la vida que después nos tocaría vivir, abriéndonos el corazón infinitamente. O por lo menos así lo siento yo. Creamos una casa de acogida de bebés. Tuvimos niños desde los tres días de vida. Otros llegaban con malos tratos a los pocos meses de su vida. En fin, años sin descanso, pero maravillosos. Sacamos adelante a 25 niños, que hoy están la mayoría en adopción, y pasaron a formar parte de nuestras familias. Y ahora somos una gran familia, sobre todo grande en AMOR.
Bueno, os preguntaréis por qué este relato de mi vida. Pues bien: es que quiero explicar algunas cosas que están pasando en la Casa. Empezar con la historia de mi vida es gritar a los cuatro vientos que jamás estaría conviviendo en una energía sucia y oscura. Nunca sería cómplice de nada sucio.
Este proyecto llena mi corazón y, para mí, es la continuación del que emprendí con aquellos bebés que necesitaban ser queridos y protegidos.
Pretendo que este relato sea un gran homenaje a Mariló, quien desde hace unos meses, está siendo acosada por unas personas que están intentando vilmente desacreditar todo lo que hace, tratando de poner dudas respecto a los fines de la Casa, e incluso del bien hacer de su creador, Pepe Bravo, buscando cosas raras, incluso en su propia familia.
Hoy estuvimos en un juicio en el que se acusaba a Mariló de algo que ella no había hecho. A pesar del respeto que el lugar y la situación impone en la mente de los que no estamos acostumbrados a ello, íbamos con la confianza y la fe en que todo saldría muy bien, porque creemos firmemente en la luz que nos guía. Los chicos se levantaron temprano, se ducharon, y se prepararon más rápido que de costumbre. Y del primero al último todos estaban preparados para acompañarnos. En varias ocasiones tuve que retirarme, porque se me llenaban los ojos de lágrimas de verla toda orgullosa de sus chicos, de los trabajadores de la casa, y de los amigos, que fueron apareciendo para apoyarla. Los whatsapps no paraban de sonar. Eran personas que le mandaban fuerza. No porque ella la necesite en las cosas mundanas. Pero sí se necesita cuando ves a seres tan mezquinos que quieren hacer daño gratuitamente. Ni que decir tiene que salió todo perfecto. Esa persona no se presentó. Y, si lo hizo y de lejos, vio el ejercito de amor que allí fluía y no se atrevió a seguir con la farsa.
Yo volví a la Casa con el corazón lleno de amor por esas horas de incertidumbre, pero a la vez llenas de magia, por formar una piña con todos nuestros chicos y amigos. Sin más palabras, dejamos patente a los abogados y a todos los que allí estaban, que somos una gran familia.
Nunca podría estar aquí si no viese en Mariló la grandeza de corazón, y el afán de protección por nuestros chicos, por la Casa y por el Proyecto.
Mariló: somos un gran ejercito de seres bellos, trabajando por crear ese sueño que todos tenemos en común. Ése que nuestro querido Pepe empezó, y que estamos sacando a flote con nuestros chicos y trabajadores, nuestros amigos y voluntarios, y con todo aquel que llega a la casa y empieza a formar parte de nuestros corazones y de esta gran familia que somos. Decirte que estamos contigo, que el corazón de la piña eres tú. No decaigas nunca.