Alejandro

Alejandro se independiza y nos envía este escrito


Hola a todos y todas, me llamo Alejandro y soy de Barcelona, tengo 44 años y por circunstancias de la vida me he quedado atrapado en este bonito pueblo de dos mil habitantes (Alozaina), en el que años atrás venía de vacaciones.

Tengo una niña de nueve años, y ese es el motivo que me obliga a estar aquí, no tengo otra motivación más importante en mi vida que cuidarla y ser feliz junto a ella, y eso conlleva tomar decisiones difíciles, puesto que su madre es de aquí y con las leyes de este país, ella se queda con la custodia de nuestra niña y una pensión a mi cargo, por lo cual tengo dos opciones, o me busco la vida en este desierto y me quedo con mi hija ejerciendo de padre, o me voy a Barcelona y me quedo sin mi hija y mi hija sin padre, por lo que opté obviamente por la primera opción.

En esto resulta que me encuentro con la Asociación Casa Pepe Bravo, casa de acogida para personas con problemas de exclusión social (mi caso), y otro tipo de problemas como adicción a las drogas y abandono o pérdida de seres humanos por sus familiares, si, aunque suene duro es así, y gracias a ellos he tenido la oportunidad de rehacer mi vida.

Como no puedo extenderme demasiado, porque si no podría escribir un libro con todas las buenas experiencias que he tenido en esta casa, voy a dar mi más grande y profundo agradecimiento al trato y ayuda que me han dado en este sitio y darme un empujoncito importante para seguir adelante en una situación tan extremadamente crítica, me han dado todo lo que necesita una persona en este situación tanto material como emocionalmente, y me han conseguido un trabajo que me ha dado la oportunidad de recuperar mi libertad.

Aquí hay sobre todas las cosas mucho amor, ganas de ayudar, y solucionar los problemas de las personas que lo necesitan, gracias a mi queridísima Maríló y su extraordinaria compañera Nacha que están haciendo un trabajo extraordinario, pero que no es fácil, y que hay mucha gente que viene de voluntariado a ayudar y no se es del todo consciente de lo que supone llevar un trabajito como este, y eso se lo comen ellas solitas, y tiran adelante con DOS que no tienen muchos hombres.

Sólo me queda puntualizar un par de cosas, no estoy de acuerdo en que se les proporcione tabaco gratis a los internos aunque puedo entender el nivel de ansiedad con el que llegan por sus circunstancias personales, y que puedan beber alcohol los trabajadores de la casa y los voluntarios en el restaurante aunque por otro lado son pruebas de superación para todos, y lo hacen tan sólo en este lugar.

Un beso y un abrazo enorme para mis amigas Maríló y Nacha

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