Nuestra querida voluntaria Malen


Dos meses después vuelvo a la casa, dos meses después la casa me vuelve a envolver con esa magia que te hace encontrarte de nuevo a ti misma.

La primera vez que estuve todo me parecía enorme, era como un laberinto donde en cada rincón encontrabas un trocito de ti y te hacia sanar tu alma.

Esa primera vezmalen compartí con la gente de la casa el año nuevo, la felicidad del empezar un 2016 que a cada una de las personas que estábamos nos depararía un nuevo comienzo.

En ese primer encuentro conocí un poco a cada uno de ellos y me enseñaron sin saberlo lo grandioso que es este proyecto.

En este nuevo viaje he compartido su día a día, las risas, los días grises y los días llenos de color. Me he vuelto a reencontrar con mi lado alegre, con mis ganas de sonreír de nuevo.

Los voluntarios que venimos a la casa, pensamos que venimos a ayudar, pero no es así, aquí nos enseñan, nos acogen, nos dejan el espacio necesario para sanar, para recogernos y mirar dentro de nosotros, y todo ello sin que te des cuenta. Aquí no hay tiempo límite para hacer cosas, aquí no hay prisas, porque saben que con prisas no se sana, con prisas no se es feliz.

Siempre hay una sonrisa a tu alcance, un gesto de ayuda, una palabra amable, un comprender en silencio.

Y así es la casa, compañerismo, familia, magia. Un lugar donde reconectarte, donde siempre te reciben con los brazos abiertos y donde cada uno que pasa, va dejando un poquito de él, para la casa, para el que venga después.

Y agradezco cada minuto, cada instante compartido, porque me vuelvo a casa con nuevos valores, con nueva energía, pero deseando volver, deseando seguir conociendo a cada uno de ellos, deseando estar de nuevo con mi nueva familia de Alozaina.

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