Mi padre, Pepe Bravo 6


Mi nombre es Manyu Bravo y he tenido la gran suerte de ser la hija de una de las personas más especiales que he conocido. Desde que tengo uso de razón recuerdo llegar a casa del colegio y sentarme en la mesa a comer y encontrarme a dos hombres “sucios” y con un olor “especial”, ese olor que con el paso de los años me seguí encontrando, ese olor que sólo las personas que hemos estado en contacto con personas necesitadas sabemos detectar. Actualmente con 40 años asocio ese olor a un sinfín de sensaciones y sentimientos: lástima, impotencia, injusticia, dolor, pero sobre todo amor. ¿Cómo he llegado a sentir con un simple olor todas esas cosas? Gracias a él.
A partir de ahí, era algo normal encontrar en casa a personas necesitadas, encontrar en la calle a mujeres u hombres a los que le invitaba a comer cuando salíamos los domingos como cualquier familia.
IMG-20160220-WA0007Estaba claro, nació para ayudar a los demás, y trabajó muy duro, haciendo muchos kilómetros y como decía él “pelando hierros”. Era maestro industrial, y su objetivo, trabajar para ganar dinero, como el de todos, con la gran diferencia que la finalidad no era la de vivir mejor, sino la de ayudar a los demás.
Nunca nos ha faltado de nada, pero si hemos comido tres días seguidos lentejas. Mi madre apoyó a mi padre siempre en su proyecto, en su sueño, aunque priorizaba en nosotras tres. Pero él era tan especial que siempre iba a elegir y priorizar al más débil.
Son muchas las conversaciones que tuve la suerte de mantener y pocas a la vez las que no he podido tener. Y en todas y cada una aprendía algo. Estar al lado de la chimenea y hablar durante horas han sido uno de los mayores placeres de mi vida.
Recuerdo un día viendo la TV donde salió la triste noticia que se repite continuamente, de personas que mueren ahogadas porque buscan una vida mejor. Y le pregunté, Papá si hubiera un grupo de personas y nos estuviéramos ahogando, a quien salvarías primero? Y su respuesta fue “…al más débil, yo te he enseñado a lo largo de tu vida a desarrollar capacidades, habilidades, a ser independiente, a tener fuerza para superar todos los problemas que puedan surgir, a buscar recursos en vez de excusas. No todo el mundo ha tenido la posibilidad de adquirirlas. Lo siento Manyulina, pero salvaría al más débil”
Éramos sus hijas de sangre, convencida estoy que su amor por nosotras era eterno, pero también estoy convencida que tenía la mayor capacidad de amor que he podido ver y sentir en mi vida.
Ese amor lo proyectó completamente en Alozaina, en un molino antiguo de aceite del que hizo un hogar para muchísimas personas.
Yo me río, mucho, cuando aparecen personas que quieren desacreditar la casa, que quieren poner faltas continuamente, siempre ha pasado, no es nuevo… y siempre les contestaba, “no me des consejo, dame dinero o ven a trabajar”. Es muy fácil criticar el trabajo de las personas ajenas.
En aquél entonces era simplemente una casa “abierta” para cualquier persona que lo necesitara. No había documentación, no había leyes, no había burocracia, simplemente se dedicó a crear y mantener un hogar.
Pero vivimos en un mundo donde parece que lo más importante es que una habitación tenga unos metros cuadrados mínimos antes de valorar que dos personas que “duermen en la calle” cada día, puedan hacerlo en un lugar sin pasar frio.
Puedo contar mil historias de él, hemos vivido momentos maravillosos y momentos muy difíciles, me quedo con todos, porque de todos, él me hizo aprender.
He visto como se ha quedado una noche entera al lado de un chico de 20 años sin familia, que estaba en la calle y que tenía miedo a morir, he visto como ha enseñado a más de 50 chavales un oficio, una profesión y que probablemente estén viviendo una vida “normal” gracias a él. He visto como con sus historias era capaz de embelesar a cientos de personas, porque simplemente derrochaba AMOR. Porque simplemente cualquier persona era más importante que él, porque simplemente el no necesitaba nada, solo AYUDAR. Y así era feliz.
He visto a cientos de personas llorar y no exagero al despedirse de la casa porque les ayudó a tener una vida nueva.
Me considero afortunada y orgullosa de haber tenido como padre a una persona así, al igual que él estaba orgulloso de tenerme como hija, de tenernos como hijas. Aunque sabía también algo, que se había equivocado en nuestra educación, porque nosotras no pudimos seguir su camino incondicional.
Durante muchos años mi madre y mis hermanas trabajamos en la casa, hemos pasado nuestra infancia y juventud en el molino, casi todos los fines de semana allí, preparando comida para muchas personas, limpiando, realizando tareas de bricolaje, jardinería, fontanería, albañilería, éramos tres chicas pero nos enseñó a ser autónomas e independientes.
Cuando llegó Mariló a la casa, la verdad, fue un descanso, el seguía como el primer día, pero yo estaba agotada, físicamente y emocionalmente. Estudiaba, trabajaba, ya tenía a mi familia y ya no podía más. Ahí me di cuenta que era una egoísta. Y que no tenía la capacidad de amar de la misma manera que la tenía el. Que cuando subía las escaleras a las 2 de la mañana después de haber terminado de recoger la cena de 40 personas y me levantaba al día siguiente, lloraba de dolor y cansancio… ja ja ja… y él tumbado en el jardín mirando al cielo mientras se comía una naranja y decía, “… Manyulina esto es VIVIR, aprecia la naturaleza, aprecia lo que te rodea, porque todo tiene un por que¡. (Yo no me podía mover)¡, …. Manyulina, ¿y tú eres hija de Pepe Bravo?” Y yo le contestaba, papá no puedo más. Sus respuestas… siempre tan alentadoras… “…no te preocupes, SIEMPRE TIENES QUE HACER LO QUE TU CREAS CONVENIENTE, siempre tienes que hacer lo que creas que es lo correcto, porque de esa forma nunca te arrepentirás de haberlo hecho, te equivocarás mil veces, pero es peor no saber qué hubiera pasado si no lo hubieras intentado”
Esas conversaciones me hicieron despegarme de la casa un poco porque estaba muy tranquila ya que allí estaba Mariló, una gran profesional, pedagoga, experta en resolución de conflictos, en organización, en programaciones curriculares, en proyectos, etc. pero sobre todo en buscar recursos para ayudar a los demás.
Ella no es mi sangre, pero cuando la abrazo siento que él está allí. Ella no es él, pero siguió su camino, por supuesto que no de la misma forma, porque todos somos diferentes, pero sí con algo en común, que es lo que hace que la casa siga existiendo. Siente el mismo AMOR incondicional por los demás.
Por eso, pase lo que pase, digan lo que digan, intenten lo que intenten, nunca podrán entrar en las conciencias de cada una de las personas que hemos tenido la gran suerte de vivir grandes experiencias en “La Casa”.
Y repito, como diría él, que cada uno haga lo que crea conveniente… porque es lo único que queda cada noche, uno mismo con su conciencia. Y ese es el mejor regalo o el peor castigo del mundo.
Mariló, soy egoísta, yo no he sido capaz de hacer lo que tú haces. Te quiero por cómo eres, pero más te quiero por ser la cabeza del sueño de mi padre, de mi guía, de mi DIOS.
Todos y cada uno de nosotros sabemos cómo eres, cómo haces las cosas, cómo te entregas, pero yo también sé cómo te acuestas cada noche diciendo, no puedo más¡ Pero te levantas como lo hacía él, mirando al cielo y decidiendo cada día… hoy comenzaré de nuevo… No todo el mundo es CAPAZ DE ESO.
Siempre a tu lado,
Manyu


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6 ideas sobre “Mi padre, Pepe Bravo

  • Toñi Colomo

    He conocido hace muy poco este proyecto y me he enamorado de él, mis circunstancias físicas no me permiten estar allí. Os deseo mucho ánimo para segur adelante.

  • Chema Vázquez Aza

    Hola, Manyú.
    Yo también conservo grato recuerdo de Pepe, de ti una noche vieja en que vi ângeles en La Casa. Y de Mariló y su gran presencia de amor inteligente.
    Gracias, gracias, gracias.
    Abrazos fraternos para todxs desde tierras sorianas.

  • Kamy

    Gracias por tu relato Manyu.

    Tuve la suerte de conocer a Pepe Bravo, y también de conocerte a tí, vivimos un momento muy bonito en la casa, aquel día que me subí a contar un cuento y se lo dediqué a mi madre y a tu padre, mi DIOSA y uno de mis DIOSES!!! Nos fundimos en un abrazo, los dos con lágrimas en los ojos.

    Se como atrapa esa casa, y como tu dices, también soy egoista, pero nunca dejo de mirar hacia Alozaina y de acordarme de todo lo que he vivido ahí y de las personas que ahí siguen, Y si, todo comenzó cuando Mariló me presentó el proyecto y Pepe Bravo. Que grande, casi me quedo a vivir ahí el primer día… Había descubierto el “Edén”.

    Desde aquí todo mi apoyo a lo que la casa representa y a todas las personas que la conformáis.

    Pronto la pisaré de nuevo, porque se que será un chute de energía que me ayudará de nuevo en mi camino.

    Un abrazo!!!

  • Alicia

    Tuve la fortuna de conocer a Marilo hace un par de años y aunque no conoci a ru padre me emocioné leyendo esta semblanza. Tienes razón tu padre, la casa, Marilo sus colaboradores y beneficiados merecen que todo siga adelante muy bien y con el merecido reconocimiento de una sociedad que habitualmente prefiere desviar la mirada…